CAPITULO # 3 UN SER EXTRAÑO
Aquí estoy de nuevo. Como ves,
este curso de filosofía llegará en pequeñas dosis. He aquí unos comentarios más
de introducción.
¿Dije
ya que lo único que necesitamos para ser buenos filósofos es la capacidad de
asombro? Si no lo dije, lo digo ahora: LO ÚNICO QUE NECESITAMOS PARA SER BUENOS FILÓSOFOS ES LA
CAPACIDAD DE ASOMBRO.
Todos
los niños pequeños tienen esa capacidad. No faltaría más. Tras unos cuantos
meses, salen a una realidad totalmente nueva. Pero conforme van creciendo, esa
capacidad de asombro parece ir disminuyendo. ¿A qué se debe? ¿Conoce Sofía
Amundsen la respuesta a esta pregunta?
Veamos:
si un recién nacido pudiera hablar, seguramente diría algo de ese extraño mundo
al que ha llegado. Porque, aunque el niño no sabe hablar, vemos cómo señala las
cosas de su alrededor y cómo intenta agarrar con curiosidad las cosas de la
habitación.
Cuando
empieza a hablar, el niño se para y grita «guau, guau» cada vez que ve un
perro. Vemos cómo da saltos en su cochecito, agitando los brazos y gritando
«guau, guau, guau, guau». Los que ya tenemos algunos años a lo mejor nos
sentimos un poco agobiados por el entusiasmo del niño. «Sí, sí, es un guau,
guau», decimos, muy conocedores del mundo, «tienes que estarte quietecito en el
coche». No sentimos el mismo entusiasmo.
Hemos
visto perros antes.
Quizás
se repita este episodio de gran entusiasmo unas doscientas veces, antes de que
el niño pueda ver pasar un perro sin perder los estribos. Pero antes de que el
niño haya aprendido a hablar bien, y mucho antes de que aprenda a pensar
filosóficamente, el mundo se ha convertido para él en algo habitual.
¡Una
pena, digo yo!
Lo
que a mí me preocupa es que tú seas de los que toman el mundo como algo
asentado, querida Sofía. Para asegurarnos, vamos a hacer un par de experimentos
mentales, antes de iniciar el curso de filosofía propiamente.
Imagínate
que un día estás de paseo por el bosque. De pronto descubres una pequeña nave
espacial en el sendero delante de ti. De la nave espacial sale un pequeño
marciano que se queda parado, mirándote fríamente.
¿Qué
habrías pensado tú en un caso así? Bueno, eso no importa,
¿Pero
se te ha ocurrido alguna vez pensar que tú misma eres una marciana?
Es
cierto que no es muy probable que te vayas a topar con un ser de otro planeta.
Ni siquiera sabemos si hay vida en otros planetas. Pero puede ocurrir que te
topes contigo misma. Puede que de pronto un día te detengas, y te veas de una
manera completamente nueva. Quizás ocurra precisamente durante un paseo por el
bosque.
Soy
un ser extraño, pensarás. Soy un animal misterioso.
Es
como si te despertaras de un larguísimo sueño, como la Bella Durmiente. ¿Quién
soy?, te preguntarás. Sabes que gateas por un planeta en el universo. ¿Pero qué
es el universo?
Si
llegas a descubrirte a ti misma de ese modo, habrás descubierto algo igual de
misterioso que aquel marciano que mencionamos hace un momento. No sólo has
visto un ser del espacio, sino que sientes desde dentro que tú misma eres un
ser tan misterioso como aquél.¿Me sigues todavía, Sofía?
Lo
triste es que nos habituamos al mundo tal y como es.
Es
como si durante el crecimiento perdiéramos la capacidad de dejarnos sorprender
por el mundo. En ese caso, perdemos algo esencial, algo que los filósofos
intentan volver a despertar en nosotros. Porque hay algo dentro de nosotros
mismos que nos dice que la vida en sí es un gran enigma.
Es
algo que hemos sentido incluso mucho antes de aprender a pensarlo.
Puntualizo:
aunque las cuestiones filosóficas conciernen a todo el mundo, no todo el mundo
se convierte en filósofo. Por diversas razones, la mayoría se aferra tanto a lo
cotidiano que el propio asombro por la vida queda relegado a un segundo plano.
Para
los niños, el mundo –y todo lo que hay en él- es algo nuevo, algo que provoca
su asombro. No es así para todos los adultos. La mayor parte de los adultos ve
el mundo como algo muy normal.
Precisamente
en este punto los filósofos constituyen una honrosa excepción. Un filósofo
jamás ha sabido habituarse del todo al mundo. Para él o ella, el mundo sigue
siendo algo desmesurado, incluso algo enigmático y misterioso.
Por
lo tanto, los filósofos y los niños pequeños tienen en común esa importante
capacidad. Se podría decir que un filósofo sigue siendo tan susceptible como un
niño pequeño durante toda la vida.
De
modo que puedes elegir, querida Sofía. ¿Eres una niña pequeña que aún no ha
llegado a ser la perfecta conocedora del mundo? ¿O eres una filósofa que puede
jurar que jamás lo llegará a conocer?
Si
simplemente niegas con la cabeza y no te reconoces ni en el niño ni en el
filósofo, es porque tú también te has habituado tanto al mundo que te ha dejado
de asombrar. En ese caso corres peligro. Por esa razón recibes este curso de
filosofía, es decir, para asegurarnos. No quiero que tú justamente estés entre
los indolentes e indiferentes. Quiero que vivas una vida despierta.
Recibirás
el curso totalmente gratis. Por eso no se te devolverá ningún dinero si no lo
terminas. No obstante, si quieres interrumpirlo, tienes todo tu derecho a
hacerlo. En ese caso, tendrás que dejarme una señal en el buzón. Una rana viva
estaría bien. Tiene que ser algo verde también; de lo contrario, el cartero se
asustaría demasiado.
Solo
los filósofos emprenden ese peligroso viaje hacia los límites extremos de la EXISTENCIA y los demás dicen:
–¡Ah, qué pesados!.
Y continúan charlando
como antes:
–Dame
la mantequilla. ¿Qué valen esos zapatos hoy? ¿A cómo están los tomates?
Sofía
entendió que el filósofo tenía razón.
ACTIVIDAD
Realiza un
microensayo de tres párrafos teniendo en cuenta la siguiente explicación
MICRO ENSAYO
Se realiza un párrafo por cada paso se parte de una
pregunta ¿para
qué crees, que los seres humanos, necesitamos la capacidad de asombro?
1. Primer párrafo INTRODUCCIÓN ( escribir de que se va a tratar
el ensayo, es una introducción al tema
del asombro)
2. Segundo párrafo DESARROLLO: responder la pregunta, con
ayuda de lo que los filósofos han dicho sobre la importancia del asombro y dar tu aporte personal
3. Tercer párrafo CONCLUSIONES:
a
que conclusiones se llega después de responder la pregunta ejemplo estoy de
acuerdo con platón con a Aristóteles o
con las dos sobre lo que hablan acerca del asombro, ya que…
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